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Opinión


No todo es informar o entregar folletos

Contra la sentencia “mis amigos son los mejores”,
oponer esta aspiración permanente “Que los mejores sean mis amigos”.
Pedro Laín Entralgo (1908-2001) Escritor español.

Por el Dr. Antonio Angel Camerano (*)


Una verdad de perogrullo es que La Promoción de la salud pone su foco en “La Salud” y la Prevención pone su foco en “La enfermedad”. Ambas son complementarias. Pero siempre nos olvidamos de ello o no alcanza sólo la inversión para hacerlo.
La promoción es por enfermedad específica, por ej. (vacuna) y sus alcances son realmente amplios, dado que involucra a muchas personas de un sector sus alcances son un tanto limitados. El control se transfiere literalmente a la comunidad y no sólo es eminentemente de carácter técnico sino también político. Cuanto más sanitaria permanece en garantías de viabilidad y el agente de salud sumado a la sustentabilidad de los programas en el tiempo en base a las políticas públicas.
La prevención es dinámica y ambiciosa y se considera exitosa siempre que los individuos a los que está dirigida (la población blanco y bajo programa) permanezcan exentos de enfermedad y pueden progresar hacia estados de salud de mayor fortaleza estructural y capacidad. Esta es funcional y resulta contenida en las sensaciones subjetivas. Pero se circunscribe a una de cuatro fases, a los grupos de riesgo, al factor (entre otros) socioeconómico o por comunión. La promoción es más de los ámbitos sociales y propende al bienestar comunitario. Implica por su parte más acciones colectivas de aplicación individual, en imprescindible la cooperación en cuyo proceso la persona de un ente algo pasivo pasa a la actividad social (ejemplo acepta indiscutible, de liderazgo y determinado de defensa del interés tratamiento y general. determinado examen). Ambas estrategias las aplicamos todos con la comunicación correcta y con la charla médico–paciente en esa sublime relación cuasi diádica que sostenía Laín Entralgo.
Somos nosotros cuando asistimos a un paciente y su familia quienes tenemos que establecer una relación de empatía, hoy llamada de adherencia y cumplir los preceptos de la comunicación en salud. Para la organización sanitaria la relación médico–enfermo debe ser objeto de estudio debido a que aumenta la calidad asistencial y por ser esta relación esencial en la actividad clínica. La hegemonía de la medicina científica ha relegado hoy en día la investigación de cómo llevar a cabo adecuadamente una relación entre el médico y el enfermo.
Para Platón el enfermo es amigo del médico a causa de su enfermedad. La relación entre médico y enfermo es de amistad y, en ella, es fundamental la confianza del enfermo en la medicina y en el médico que le trata. El siglo XX desarrolla una medicina masificada. La sociedad de consumo provoca una superabundancia de productos farmacéuticos. En los hospitales, con mayor tamaño y tecnificación se da un uso masificado de la medicina superándose la pura relación médico–enfermo. Como consecuencia de errores cometidos por la medicina, (no por el médico) a pesar de los muchos aciertos, reaparece un modelo humanizador de la medicina. El paciente no puede ser visto sólo según la estrecha idea científica, sino que ha de incluir a la persona enferma con su subjetividad. Este cambio intenta recuperar el poder de la palabra como factor terapéutico, lo cual hace resaltar la relación entre médico y paciente. A este modelo contribuye Freud con su psicoanálisis. Pero aún el modelo psicoanalítico para muchos de nosotros por su “lentitud” queda en el camino. Últimamente un grupo de autores resaltan la importancia de los factores sociales en los procesos de salud–enfermedad. Estos factores sociales pueden ser económicos, ambientales, jurídicos. (nada nuevo para quienes hayan leído a Carrillo y a Oñativia).
En el siglo XXI el modelo de asistencia sanitaria se apoya en tres principios constituidos por la continuidad de cuidados, la accesibilidad y disponibilidad, con un equipo profesional en la asistencia, la promoción y cuidado de la salud de una población determinada. El primer nivel es la Atención Primaria que es el fundamento de todo el sistema de salud, con el objetivo de una atención integral a la salud de la población y en que la relación médico– paciente tiene un papel importante, es central o nuclear. El médico pediatra y el de familia, son los más entrenados en enfrentarse a la comunicación, además del carácter personal en los últimos años la medicina defensiva nos aleja de la prevención y promoción de la salud haciendo perder la credibilidad, y la confiabilidad. Además, es la mesogestión o gestión de redes la que comprende la articulación de los establecimientos de complejidad diferenciada para el cumplimiento de los objetivos sanitarios. Incluye la coordinación entre los diversos centros, hospitales y otros establecimientos de salud (públicos o privados), los cuales deben ofrecer una cartera de prestaciones definida que incorpore acciones preventivas, promocionales, curativas y de rehabilitación, con el fin de concretar las metas sanitarias establecidas para el país.
El médico desde su formación y su práctica valora los procedimientos diagnósticos y terapéuticos aislándose de todo el entorno del paciente. Más aún, la proliferación de las especialidades hace ver el problema del diagnóstico médico en un órgano o una patología específica, dejando de lado la entidad humana. Así se observa al paciente en un limitado campo de acción. En vez de pacientes nos encontramos con diagnósticos y órganos enfermos. Todo el proceso de diagnóstico clínico se circunscribe a establecer un diagnóstico y un tratamiento consecuente. A ello se suma el proceso de la “derivación” que lleva al paciente a ser visto por una multiplicidad de profesionales aislados sin un enfoque multidisciplinario. Me permito citar literalmente a J. Gervás en su artículo “El Mar de la Incertidumbre” …Dime qué diagnósticas y te diré tu especialidad. O, peor, no hay enfermedades, sino especialistas. (extrapolación literal). O más adelante el hecho… El sistema sanitario, la población y los médicos generales necesitamos el buen trabajo de los especialistas, que es insustituible. Pero ¿podemos considerar al acceso y consulta innecesaria con los especialistas como una forma refinada de venganza social, que ajusta cuentas con los que la Historia siempre encumbra? (también extrapolación literal)
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(*) Título Médico. Magíster en Administración de Sistemas y Servicios de Salud – UBA | FSG.

 

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