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Opinión


Mitos del precio de los medicamentos innovadores
El lado oscuro de la luna

Por el Dr. Sergio Horis Del Prete (*)


A la hora de analizar el mercado de medicamentos, una pregunta atraviesa cualquier otra consideración que se quiera efectuar. ¿Son los precios de las moléculas innovadoras desarrolladas en la última década demasiado elevados en relación a su valor efectivo?
En una economía de mercado, la dinámica de precios es el resultado del equilibrio que se alcanza cuando precio y cantidad vinculan las fuerzas de la oferta y la demanda, en el punto donde resulta más eficiente incentivar la producción y la distribución de cualquier bien o servicio. El inconveniente para los medicamentos surge de la no existencia de un ideal equitativo de “precio correcto”. En ese mercado, la fijación de los precios se ve alterada por factores que afectan tanto a la oferta como a la demanda, especialmente dada la inelasticidad que adquiere esta última. Cuando los gestores políticos recomiendan aplicar controles de precios o regulaciones de cierta complejidad a los medicamentos para definir lo que consideran un “precio correcto”, sólo logran alcanzar una solución ilusoria a corto plazo, con relativización de resultados a futuro. Quizás lo más importante resulte de no tomar a la innovación como una nube de humo que justifique conductas dirigidas a aumentar artificialmente los precios no relacionados con el real valor terapéutico, aunque esto sea en realidad lo que viene sucediendo.
Lo que los pacientes (y sus aseguradores - financiadores) desearían es contar con tratamientos innovadores destinados a tratar sus padecimientos y mejorar la calidad de vida, con precios razonables, y no con una estampida de éstos con poco consenso respecto de la evidencia de su valor. El argumento central surge del lado de la oferta. Innovar es caro. Y los productores disfrutan del poder de monopolio a través de patentes o información de propiedad. Un caso emblemático es el sofosbuvir (Sovaldi°). Si bien es altamente efectivo para tratar la hepatitis viral C (HVC), su ingreso a la comercialización fue a un precio disparatado. Pero para Gilead, dueño de una patente adquirida, resultó ser además de una molécula innovadora, curativa en más del 95% de los casos y que salva vidas, altamente rentable no sólo por su elevado precio de venta sino por la evidencia de “superioridad clínica” sobre los tratamientos existentes. El precio se estableció así en función del valor de este producto en el tratamiento de la HVC y de los beneficios que aportará a los pacientes más los supuestos ahorros sobre los sistemas de atención médica en el tratamiento de esta enfermedad.
La industria farmacéutica justifica el alto precio de algunos fármacos oncológicos por la inversión millonaria en I+D que deben hacer hasta lograr su ingreso al mercado, pero no revela su costo real. ¿Alguna vez se ha analizado en profundidad cuánto cuesta desarrollar una nueva droga? Un informe de la Universidad Tufts para el Estudio del Desarrollo de Medicamentos de US lo calculó en u$s 2.600 millones. Más allá del secreto de los datos, se sabe que sólo es poco más de la mitad de este costo y mucho la contribución pública. En tanto, los u$s 1.200 millones restantes son “costos de tiempo”, es decir devoluciones que los inversores podrían haber hecho si su dinero no estuviera comprometido en el desarrollo de un medicamento en particular. No obstante, el estudio Tufts es utilizado como una herramienta de propaganda para justificar altos precios, en particular en el segmento oncológico.
En contraste, una investigación publicada por JAMA y efectuada por Vinay Prasad de la Science and Health University de Oregón, y Sham Mailankody, del Sloan Kettering Cancer Centre de Nueva York sobre 10 drogas oncológicas en el período 2006 – 2016 demostró que el costo real de la I+D osciló entre los u$s 159 millones y los u$s 1.950 millones. En 9 de las 10 drogas analizadas fueron más los beneficios obtenidos que los gastos en I+D. Y 4 generaron 10 veces más dinero que el usado en su desarrollo. Si bien sólo se trata de una muestra de los medicamentos oncológicos presentes en el mercado americano en el período analizado, la altísima rentabilidad es evidente.
No sabemos cuánto cuesta desarrollar realmente un medicamento. Pero el problema no está solo en eso, sino si éste tiene o no el valor efectivo de los supuestos precios que las compañías farmacéuticas le colocan. ¿Los nuevos medicamentos funcionan mejor que los competidores existentes? Hay argumentos sólidos que confirman que la mayoría de las nuevas terapias contra el mieloma múltiple no valen los precios actuales y que a algunas debiera descontarse más del 75% para alcanzar los objetivos de valor.
El desafío del alto precio también se extiende a las enfermedades poco frecuentes (EPF). Existen al menos 11 medicamentos para ellas aprobados por la FDA que cuestan más de u$s 225.000 por paciente/año. En muchos casos, se han comenzado a ajustar los modelos de pago por su valor para el paciente, ya que mientras las discusiones se pierden en las formas de control de precio - vistas como amenazas a la innovación - lo que preocupa es que exista poca correlación con el valor clínico real. De allí la necesidad de convencer a las empresas a negociar acuerdos de riesgo compartido que vinculen resultados con ajustes de precios.
Entonces, ¿Por qué es importante conocer los costos reales de la I+D y si estas estimaciones son correctas o no? Porque estaríamos observando el lado oscuro de la luna. Los supuestos costos se utilizan para justificar los cada vez más altos precios de las nuevas drogas. Y estos van adquiriendo el potencial de poner en crisis los sistemas de atención médica, crear enormes costos de oportunidad (ya que los fondos que podrían gastarse en otros bienes y servicios se desvían para comprar drogas cada vez más costosas) y colocar al medicamento innovador fuera del alcance de todos, menos de los individuos o gobiernos ricos.
Saber cuánto cuesta desarrollar un medicamento podría facilitar la negociación de los nuevos precios con que las innovaciones van ingresando al mercado, lo que no sólo sería beneficioso para la sociedad sino también para garantizar rendimientos más predecibles a la propia industria farmacéutica. También debería incluirse a los pacientes en las discusiones centradas en la efectividad, con la intención de analizar si el valor relativo de los nuevos tratamientos es solo marginal. Sin embargo, la industria innovadora mantiene su postura de no permitir arrojar luz sobre el lado oscuro de la luna. Si bien un secreto de este tipo puede beneficiarlas en el corto plazo, no debiera pasar mucho tiempo en que sea de interés público. De lo contrario, estaremos dejando la sustentabilidad de los sistemas de salud a merced de la industria y sus particulares conductas
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(*)  Profesor Titular -  Cátedra de Análisis de Mercado de Salud - Magister en Economía y  Gestión de la Salud - Fundación ISALUD.

 

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